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Desde el otro lado del muro

De entre todas las vidas que existen
me quedo tan sólo con una,
y si acaso es poco lo que exige
renuncio a su placer y fortuna.

Un pedazo de poco es lo que me queda,
si por miedo me favorece la suerte,
la que me despoja de las aguas mansas
para lanzarme a donde nace la muerte.

No descubro lo que su mirada esconde,
tan sólo ausculto en las grietas de mis años
la incólume caricia de desengaños
mientras se extingue su luz inacabable.

Los años han caído a merced del tiempo
ni el recuerdo pasea por la memoria,
tan sólo es nada y, aunque quede muy poco,
es mucho lo que me toca y lo que acepto.

Irrumpe sobre este poema y lo allana,
sin embargo, el poema es noble y puro,
y no traiciona la inspiración profana
aunque el poeta haya atravesado el muro.