:::: MENU ::::

Mi soledad

Como suspiro sin vida se encuentra
entre cada hoja seca, vulnerable,
capturando los silbidos del viento
sobre un atisbo de luz indomable.

De a poco se entremezclan los silbidos,
azorados, tiranos del silencio;
han llegado por fin, y con su arribo,
una sombra roída por el tiempo.

Se descubre el origen de una pena
en la sombra privada de su cuerpo
que vehemente se mira a sí misma
por sus grietas de colores funestos.

Lentamente esa sombra se avecina
contando la presencia de su dueño,
callando su mirada entristecida
y en un verso maquillando un consuelo.

Entre tanto, furtiva, a veces triste,
camina por mis letras, sin cansancio,
llevando junto a su ausencia el olvido:
equipaje de quien camina tanto.

Y frente a cada atardecer austero,
descansa para contarme en secreto
mi soledad, consorte de mis penas,
acerca de éste y otros poemas.


¡Resiste, Haití!

En memoria de todos los haitianos
víctimas del terremoto.
2010 – 02

Vulnerable te despiertas nuevamente
ante los gritos de tu suelo iracundo
que te entrega sin piedad a la muerte
en tu frágil realidad de infortunio.

Apareces cual víctima involuntaria
que se entrega a la justicia del hambriento.
Desde la cárcel de arrebatos naturales
imploras una oración para tus muertos.

El mundo condolido en tu desgracia
asiste a las exequias de tu pueblo
y ofrece, sollozante, una plegaria,
al Señor que te mira desde el cielo.

Como ave de travesías solitarias,
estragada, alzas tu vuelo en la tristeza,
buscando la verdadera democracia
y la ruta hacia el final de la miseria.

Con tus alas destrozadas y apacibles
has quedado promulgando resistencia
ante los buitres que esperan impasibles
a devorarte sin bondad ni clemencia.

Dios te libre del hábil oportunista
que empuñando su nombre se manifiesta
llevando en sus bolsillos tan sólo lástima,
porque lástima al fin y al cabo no cuesta.

¿De qué lenguaje auténtico se precisa
-cuando sabemos el destino que guardas-
para que el universo entero te asista
y dé su mano sin darte las espaldas?

¿A caso no es un deber ineludible
el que tienen los pueblos para contigo,
el penetrar en tus lóbregas entrañas
y aplacar el sufrimiento de tus hijos?

¿A caso no es un deber ineludible
rescatarte del atraso y la miseria,
y desarraigar de tu dieta inhumana
esas degradantes hogazas de tierra?

¡Haití! Levanta aguerrida tu voz al mundo,
que tu realidad cubra toda América.
Camina al encuentro de la dignidad,
que tu sueño ya no sea una quimera.

¡Haití! Patria de suelo indeleble y frágil,
no entregues tu voluntad de levantarte
y camina hacia el encuentro de la gloria
aferrándote al honor como estandarte.

Recuperarás la identidad destruida
por la élite genocida de tu pasado,
porque surgirás de entre escombros y ruinas
para vestirte nuevamente de Estado.

Yo no te oculto mi pesar y mi llanto
por haberte sentenciado en el olvido,
y es que mis versos te piden el descanso
del perdón y me permitas ser tu amigo.

Quizá no sea el Poeta y sus poemas
la disolución de todos tus problemas;
sin embargo, en este verso va una espiga:
¡Que Dios te bendiga, Patria amiga!


Dulce poesía

A la fulgente y bella poesía,
dulce y sempiterna cautivadora,
quiero, nuevamente, llamarla ¡mía!
como el hombre a la mujer que adora.

¿Cómo no revelar en un poema
la incólume verdad de su hermosura,
si en la larga agonía de una pena
sus brazos me ofrecen su ternura?

Pues así, como se aman los amantes,
acudimos al lecho de las sombras
para envolvernos en silencio, a solas,
y enamorarnos mucho más que antes.

Desde este noble verso le dibujo
un suspiro inspirado en su belleza,
en su regazo se encuentra el refugio
y la mansión de todo poeta.

Le entrego la caricia de mis manos
entre el verso vivaz y moribundo
que acompañan al joven y al anciano
hasta el último rincón del mundo.


Cuando nacen versos

En paisajes dorados y en los parajes tristes;
en recuerdos guardados y en lo que ya no existe;
desde rumbos inciertos y también conocidos
se escribirá con acierto el sentimiento vivido.

El suspiro que advierte el indicio de un poema
dibuja con sus versos el alma de un poeta
sobre pliegos poblados de nacarados desiertos,
donde siempre comienza la libertad del preso.

Desaforados pinceles custodiarán al verso,
el que ha de escribirse con verbos profesos
en la dócil morada del tranquilo silencio,
donde nace un suspiro con el último aliento.

Viajará sigilosa a través de los vientos
la inspiración que el poeta escribió en su tiempo
y al entrar en la historia, empedernida de sueños,
buscará a su dueño aunque éste haya muerto.


Su rostro y su silencio

Con epístolas vacías
[esquelas de mis sueños]
escribo un sentimiento
anclado al infinito.

Es inmensamente cierto,
y a la vez grande,
que hasta mi alma hace alarde
de quererla demasiado.

No me canso de quererla
y más la ansío. Sin embargo,
no la tengo a mi lado
aunque sabe que la quiero.

Este suspiro inmenso
que se pierde en el cielo
ha tallado en mi memoria
su rostro y su silencio.

Su silencio es el grito
perturbador que me asesina.
Y cada verso que me dicta
me retorna a la agonía.

No bastarán los días
para gritar que la quiero.
Aunque me quede sin voz
más la querré todavía.

Las flores no han de secarse
ni volarán sus corolas.
Se mantendrán, como ahora,
mi amor perdurable.

Cada alegre recuerdo suyo
y cada lágrima mía
encarnan el contraste
de mi vida solitaria.

No me aferro al dolor
quiero amarla simplemente,
como se aman los amantes
que viven lo prohibido.

[Si me quedan pocos días
o si muero en estos versos,
no inpugnen la sentencia,
que no hay malos ni buenos.]

No he de fallecer
sin antes abrazarla.
Aunque muchos abrazos
ya le he dado en vano.

Nuevamente, entre suspiros,
ha llegado este poema,
para pintar de agonía
el alma de un poeta.


¡Oh, Poeta!

Extraño errante
que deambulas acezante
en busca de un consuelo
en cada una de tus frases,
en cada uno de tus versos.

Narrador conspicuo
que revives en la agonía
al escribir tus alegrías
en los segundos disolutos
de endebles añoranzas.

Lánguido pintor, profeso,
dibujante de pasiones,
aquellos que compones
entre frases enmarcadas
de gozos y nostalgias.

Legendario labrador
de la tierra del sentimiento.
Sembrador de inspiraciones
como el arador a la semilla
acomodándola en el suelo.

Viajante de letras
cercanas y distantes,
desde donde alumbra
el rayo más sombrío
hasta fuera del espacio.

Porfiado artesano
tallador de emociones
bajo la ciega inminencia
de la umbrosa soledad
inquieta y silenciosa.

Padrino del papel y lápiz,
son ellos tus mensajeros
para plasmar el más sincero
sentimiento que te dicta
tu corazón… tu mártir.

¡Oh, Poeta!
Son tus suspiros del alma
los que te dan la razón
para entregar al mundo
tu verdad… tu inspiración.


Desde el otro lado del muro

De entre todas las vidas que existen
me quedo tan sólo con una,
y si acaso es poco lo que exige
renuncio a su placer y fortuna.

Un pedazo de poco es lo que me queda,
si por miedo me favorece la suerte,
la que me despoja de las aguas mansas
para lanzarme a donde nace la muerte.

No descubro lo que su mirada esconde,
tan sólo ausculto en las grietas de mis años
la incólume caricia de desengaños
mientras se extingue su luz inacabable.

Los años han caído a merced del tiempo
ni el recuerdo pasea por la memoria,
tan sólo es nada y, aunque quede muy poco,
es mucho lo que me toca y lo que acepto.

Irrumpe sobre este poema y lo allana,
sin embargo, el poema es noble y puro,
y no traiciona la inspiración profana
aunque el poeta haya atravesado el muro.


Pages:12